
En el mundo de la fotografía deportiva existen nombres que trascienden por su estilo, por la cercanía con los atletas y por la capacidad de transmitir la intensidad de una disciplina a través de imágenes. James Mitchell es uno de ellos. Británico de nacimiento, pero lanzaroteño de adopción, ha construido en los últimos veinte años un vínculo indisoluble con la Isla que va más allá de la mera residencia: Lanzarote es su hogar, su fuente de inspiración, su laboratorio creativo y la plataforma desde la que ha proyectado su trabajo hacia el mundo entero.
La primera vez que recuerdo haber hecho fotografía profesional aquí en Lanzarote fue alrededor de 2005

El primer contacto de James con la Isla se produjo en 2002, cuando llegó acompañado de su pareja de entonces, cuya familia había decidido establecerse en Lanzarote. Al principio, confiesa, era escéptico. Dudaba de si un lugar tan pequeño, con un clima tan intenso y con una cultura diferente a la de Reino Unido, podría convertirse en su casa. Sin embargo, la vida isleña le atrapó desde el inicio: un estilo más relajado, un entorno volcánico único y una comunidad estrechamente vinculada al deporte terminaron por convencerle de quedarse.
Su primer trabajo como fotógrafo profesional en Lanzarote llegó en 2005, cuando una revista le encargó cubrir el Ironman Lanzarote. James recuerda que no sabía muy bien lo que estaba pasando, pero aceptó el reto. Armado con su cámara, se colocó en la línea de meta y esperó durante horas la llegada de los participantes. Aquella primera experiencia resultó ser un flechazo: quedó enganchado a la atmósfera del triatlón, al espíritu de superación de los atletas y a la capacidad de la fotografía para inmortalizar esas emociones. Desde entonces no volvió a perderse una edición, y en 2010 fue nombrado fotógrafo oficial del evento por Club La Santa, institución organizadora del Ironman en la Isla.

Una de las mejores carreteras para fotografiar es la que va de Arrieta a Órzola. Tienes playas a un lado y roca volcánica al otro. Es decir, esta es una sesión para largos tramos de ciclismo. Puedes conseguir muchísimo contenido diferente.
De triatleta a fotógrafo a tiempo completo
El magnetismo del triatlón no solo lo llevó a fotografiar la prueba, sino a vivirla en primera persona. Mitchell decidió dar el salto al otro lado del objetivo y comenzó a entrenar para competir. Su primer Ironman lo realizó en Zúrich y posteriormente completó tres ediciones en Lanzarote entre 2013 y 2015. Aquella experiencia como triatleta le permitió comprender desde dentro lo que significa preparar una prueba de estas dimensiones: las largas sesiones de entrenamiento, el desgaste físico y mental, y la recompensa indescriptible de cruzar la meta.
Sin embargo, un accidente en una carrera local de ciclismo supuso un punto de inflexión. Lejos de suponer una derrota, el incidente le ofreció claridad: era el momento de centrarse por completo en la fotografía. “Cuando competía, sentía que descuidaba un poco la parte creativa”, admite. En 2015, decidió dejar la competición a un lado y dedicarse de lleno a su pasión, convirtiéndose en uno de los fotógrafos de referencia en el panorama internacional del triatlón y el deporte de resistencia.
Lanzarote, un escenario único para el deporte
Lo que diferencia a James Mitchell de muchos otros fotógrafos deportivos es el escenario en el que ha desarrollado gran parte de su carrera. Para él, Lanzarote no es únicamente un lugar donde vive: es un estudio al aire libre, un entorno que ofrece posibilidades infinitas para crear imágenes impactantes.
La Isla reúne condiciones excepcionales: carreteras solitarias que parecen perderse en el horizonte, paisajes volcánicos de belleza lunar, acantilados que caen sobre el Atlántico, playas infinitas y un clima que permite rodajes durante todo el año. Lugares como el Mirador del Río, el risco de Famara, la carretera de Órzola o las instalaciones de Club La Santa se han convertido en escenarios habituales de sus producciones.
Mitchell explica que, cuando busca localizaciones, prioriza la limpieza visual: carreteras con poco tráfico, fondos despejados donde el producto y el deportista sean los protagonistas. Sin embargo, también sabe cuándo integrar la identidad lanzaroteña en sus imágenes, mostrando rincones emblemáticos que refuerzan la isla como destino deportivo internacional. “Cada lugar tiene algo especial que ofrecer. A veces basta el cielo y el mar, y otras, el contexto es tan espectacular que se convierte en parte esencial de la imagen”, afirma.



El salto a la élite internacional
A partir de su consolidación en el Ironman Lanzarote, James Mitchell comenzó a trabajar con algunos de los mejores triatletas del mundo y con marcas de referencia global. Su portafolio incluye colaboraciones con Ironman Group, Red Bull, Oakley, Hoka, Roka, Castelli, BMC y muchas más. Ha fotografiado a figuras como Lucy Charles-Barclay, Daniela Ryf o Patrick Lange, campeones y campeonas mundiales de triatlón que confían en su mirada para inmortalizar sus entrenamientos y competiciones.
Su trabajo no se limita a la fotografía fija. Desde 2021 produce documentales y contenidos audiovisuales para Ironman Group en Europa, expandiendo su papel como narrador visual y aportando una perspectiva más completa de las historias humanas que se esconden tras cada evento deportivo. Esa evolución hacia el storytelling audiovisual refuerza su posición como un profesional versátil y en constante crecimiento.


Una metodología basada en la planificación y la creatividad
El proceso de trabajo de Mitchell combina precisión y creatividad. Todo comienza con el contacto inicial de la marca, que le envía un briefing con los objetivos de la campaña. A partir de ahí, realiza un scouting exhaustivo por la Isla, buscando los escenarios adecuados y enviando propuestas al cliente. Una vez aprobado, coordina la logística del rodaje: desde la selección de modelos y atletas hasta la planificación del calendario de rodajes.
Aunque reconoce que el 90% del trabajo está cuidadosamente planificado, también admite que siempre hay margen para la improvisación. El clima cambiante de Lanzarote, el viento o los ajustes de última hora obligan a adaptarse. Esa flexibilidad, sumada a su conocimiento del territorio, le permite garantizar resultados de calidad incluso en condiciones imprevistas.

Los lugares y las fotos que definen su carrera
Cuando se le pregunta por sus localizaciones favoritas, James menciona la carretera de Órzola por su combinación de mar y lava, el Mirador del Río por sus vistas sobre La Graciosa, Famara por la majestuosidad del risco al atardecer y, por supuesto, Club La Santa, epicentro del deporte en Lanzarote y punto de encuentro con numerosos atletas de élite.
Entre sus fotos más emblemáticas destaca una sesión con Lucy Charles-Barclay en Playa Grande, imágenes con el equipo BMC en la piscina del Barceló Active Resort y múltiples rodajes en las icónicas carreteras del norte. “Hay lugares que, por mucho que los fotografíes, siempre te sorprenden. Cada ángulo ofrece una nueva historia”, asegura.



Lanzarote como hogar y legado
Más allá de los logros profesionales, James Mitchell insiste en que Lanzarote ha marcado profundamente su vida. Aquí encontró la tranquilidad que buscaba y aquí descubrió un modo de vida que difícilmente cambiaría por otro. La Isla no solo le ha ofrecido un espacio de trabajo privilegiado, sino una comunidad deportiva vibrante que le inspira cada día.
Su historia es también la demostración de cómo Lanzarote, con sus paisajes y su energía, puede convertirse en una plataforma de proyección global. Lo que comenzó como un encargo puntual en 2005 se ha transformado en una carrera sólida que combina lo local y lo internacional, el deporte y el arte, la técnica y la emoción.
Un volcán creativo en el Atlántico
James Mitchell no se limita a capturar imágenes; construye relatos visuales que transmiten la esencia del esfuerzo, la pasión y el espíritu deportivo. Lanzarote le ofreció el escenario perfecto, y él ha sabido devolverlo al mundo en forma de fotografías que inspiran a atletas, marcas y aficionados.
Su vinculación con la Isla es profunda y permanente. Lanzarote es, al mismo tiempo, el origen de su carrera y el centro de su proyección internacional. Y en cada imagen que firma se percibe ese lazo invisible entre el hombre, la cámara y el territorio volcánico que lo ha visto crecer como narrador visual.
